Soy un joven que por unos problemas de salud, concretamente que afectan a mis vías urinarias, he estado con un catéter doble J durante un periodo largo de tiempo y ante la incertidumbre de lo que ocurriría y ocurrirá y la poca información de otra gente en la red, voy a contar mi experiencia y recopilar información por si le sirve a otras personas...

Sexualidad con catéteres y estomas (por el Dr. García Cruz)

miércoles, 1 de abril de 2015

Un lujo para el blog contar de nuevo con el Dr. Eduard García Cruz, licenciado en medicina y especialista en urología en el Hospital Clínic de Barcelona, y responsable del Área de Men´s Health de Barnaclinic. En la otra ocasión, colaboró con un post sobre la App. que había desarrollado junto con otros compañeros. Ahora nos viene a hablar sobre un tema que ha tenido cientos de consultas en el blog, que es la sexualidad y los catéteres urinarios.
 
CATÉTERES, ESTOMAS Y SEXUALIDAD.
 
La sexualidad es una función humana que forma parte de la definición de la OMS de la salud. Para estar sanos tenemos que sentirnos sexualmente sanos. Muchos son los procedimientos que alteran o dificultan la sexualidad “normal” en cada uno de nosotros. Algunos de los procedimientos que más impactan en la sexualidad, tanto masculina como femenina, es la cirugía pélvica (con o sin estomas), y la colocación de catéteres internos o externos.
 
Catéteres doble J y sexualidad.
 
Uno de los catéteres ureterales más frecuentes es el catéter doble J o “pig Tail” (del inglés cola de cerdo, por su forma). Se trata de un tubo de plástico que se coloca para asegurar el correcto drenaje del riñón cuando existe obstrucción (tumores, estenosis, piedras) o cuando se realiza alguna cirugía sobre el uréter.
Uno de los problemas principales que producen los catéteres son los síntomas urinarios. Las quejas más habituales de las personas portadoras de catéteres doble J son la sensación de infección urinaria (aumento de la frecuencia miccional, sensación de micción incompleta, urgencia miccional, molestias perineales, etc…), aunque en muchas ocasiones no existe infección propiamente dicha.
Habitualmente tiene una duración de hasta 3 meses, aunque existen catéteres con una duración de 6 meses e incluso 1 año. En la mayoría de los casos de litiasis, se suelen retirar una vez resuelto el cuadro obstructivo (a las 3-4 semanas). Existen algunos fármacos, como los anticolinérgicos, que permiten paliar parcialmente dichas molestias.
Otro de los síntomas habituales, que no suele revestir gravedad, es la presencia de sangre en la orina.
A pesar de que no existen estudios específicos sobre sexualidad en personas que llevan catéter doble J, no existe ninguna contraindicación para el sexo en esa situación. Es muy probable que exista disminución de la erección mientras duran las alteraciones producidas por el catéter, y es asimismo probable que exista dolor con la eyaculación. Lo más probable es que esas alteraciones sean transitorias y cedan pocos días o semanas tras la retirada del catéter. Los fármacos para mejorar los síntomas alivian sobretodo la clínica urinaria, más que mejorar propiamente la afectación sexual.
 
Estomas y sexualidad.
 
La cirugía pélvica conlleva en ocasiones que la única opción para permitir la evacuación de heces u orina sea la creación de un estoma. La cirugía radical de recto o de vejiga obliga, en ocasiones, a esa situación.
Respecto al impacto del estoma en la sexualidad, existen tres grandes alteraciones que suelen ocurrir asociadas a estas cirugías:
En primer lugar, algunos de los problemas más habituales y graves que ocurren al instaurarse un estoma es el impacto en la propia imagen, y las consecuencias psicológicas que eso puede producir (stress, rechazo, depresión, etc…).
Derivado de la cirugía de recto o vejiga, más que del propio estoma, se suele producir lesión sobre los nervios que permiten la erección y es por ello que en hombres con estomas las alteraciones de erección son muy frecuentes, por encima del 90%. En algunas ocasiones es posible respetar los nervios que posibilitan la erección, pero esa técnica quirúrgica permite la normalización de la erección en aproximadamente un tercio de los hombres.
Las alteraciones de la función eréctil puede combatirse mediante fármacos vía oral para mejorar la erección (inhibidores de la fosfodiesterasa 5, como sildenafil, tadalafil, vardenafil o avanafil) u otras estrategias (como el uso de alprostadil directamente en el pene –inyectado o intrauretral-, o la colocación de prótesis de pene).
En tercer lugar, la lesión nerviosa o la extirpación de vejiga y/o próstata conllevan la alteración de la eyaculación (aneyaculación –no confundir con anorgasmia-). Esta es una alteración también muy frecuente y para la que no existe ningún tratamiento específico. La principal consecuencia derivada es, por un lado, psicológica, y por otro, infertilidad.
Dado el profundo impacto que conlleva la realización de este tipo de cirugía, sería deseable que existieran equipos multidisciplinares que informaran a los pacientes antes de la cirugía y realizaran su seguimiento de manera posterior. En la mayoría de ocasiones es posible mejorar mucho la función sexual, pero probablemente uno de los pilares básicos es el asesoramiento psicológico y la adaptación a los cambios inducidos por la existencia del estoma.