Soy un joven que por unos problemas de salud, concretamente que afectan a mis vías urinarias, he estado con un catéter doble J durante un periodo largo de tiempo y ante la incertidumbre de lo que ocurriría y ocurrirá y la poca información de otra gente en la red, voy a contar mi experiencia y recopilar información por si le sirve a otras personas...

Otras indicaciones del catéter doble J

domingo, 31 de julio de 2011

  • Obstrucciones ureterales no litiásicas:
    ·Estenosis ureterales.
    ·Tumores prostáticos, vesicales, ginecológicos, rectales.
    ·Compresiones extrínsecas (fibrosis retroperitoneal, lipomatosis retroperitoneal, aneurismas aórticos, adenomegalias, etc.).
  • Fístulas urinarias:
    ·Renocutáneas.
    ·Ureterovaginales.
    ·Ureterales.
La colocación de un catéter doble J puede ser el tratamiento definitivo de una estenosis ureteral inflamatoria o el tutor que garantice la cicatrización correcta del uréter luego de una dilatación con balón de alta presión o de una endoureterotomía. Este planteamiento incluye las complicaciones obstructivas del paciente con trasplante renal y constituye en estos casos la opción terapéutica electiva actual.
En las obstrucciones por infiltración o por compresión tumoral con ureterohidronefrosis y fracaso renal obstructivo, es una alternativa a la nefrostomía percutánea, la cual es la mejor opción en estos casos porque tiene mayores posibilidades de lograr la desobstrucción, obviando además, una posible lesión de la zona afectada por el tejido tumoral.
En las obstrucciones ureterales por compresión o ahogamiento extrínseco por fibrosis o lipomatosis retroperitoneal o por grandes aneurismas de la aorta abdominal, en pacientes no operados, así como en las enfermedades hipertrofiantes de los ganglios retroperitoneales que afectan el drenaje ureteral, el catéter doble J es una alternativa terapéutica eficaz, que puede tener carácter transitorio o definitivo, según el caso.
Otra situación patológica en la que la colocación de un catéter doble J (foto), asociado o no a una nefrostomía percutánea, constituye el tratamiento de elección, son las fístulas del tracto urinario superior. Tanto las caliciales como las piélicas, las ureterales y las ureterovesicales, por iatrogenia quirúrgica o consecutiva al trasplante renal, muestran un alto porcentaje de curación con este modelo terapéutico que ofrece una opción altamente resolutiva con mínima invasión hística.

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