Soy un joven que por unos problemas de salud, concretamente que afectan a mis vías urinarias, he estado con un catéter doble J durante un periodo largo de tiempo y ante la incertidumbre de lo que ocurriría y ocurrirá y la poca información de otra gente en la red, voy a contar mi experiencia y recopilar información por si le sirve a otras personas...

Salir al bar con la bata y el fonendo… ¿por qué y para qué?

viernes, 26 de agosto de 2016

Como frecuento mucho los hospitales, últimamente me he vuelto a fijar en dos cosas que se producen junto a estos lugares:
-        Que la gente fuma en la mismísima puerta de los hospitales, incluso en algunos me consta que hay “salas” de fumadores en el interior.
-        Que muchos sanitarios salen con las batas a fumar y/o comer fuera del hospital o en bares y restaurantes cercanos. E incluso, algunos siguen llevando el fonendoscopio colgado al cuello.

Estamos plagados de normas y consejos sanitarios para evitar contagios, virus, bacterias, etc. Se está poniendo mucho hincapié últimamente en el tema de lavarse las manos, cosa que me parece fantástica y necesaria, y no se dice nada de dejar la bata y el fonendo cuando se frecuentan lugares con mucha gente, comida, humos, etc. como son los bares y restaurantes. Es más, por el simple hecho de cruzar la puerta del centro médico.
Son muchos los estudios y artículos que nos hablan de las infecciones asociadas a la vestimenta médica y a los fonendoscopios, de hecho, son el gatillo en muchas ocasiones, de las famosas infecciones nosocomiales.

Es cierto que la propia OMS habla de algunas medidas para la prevención de infecciones y menciona el tema de la vestimenta, hablando del lavado, del cambio diario, etc. pero no menciona expresamente el hecho de no “acercarla” a lugares, llamémoslos poco adecuados. Sinceramente, creo que a veces ya no se trata de que nos marquen normas o directrices, se trata de sentido común, que como se suele decir, es el menos común de los sentidos. Creo que no haría falta decir que no se debe salir del centro sanitario con la bata (ya que además de protección para el sanitario, que evita que se pueda manchar por productos tóxicos, contaminantes, etc., también, y es básico, se usa para para evitar contaminar las muestras que analiza con su ropa de calle, o para evitar que un paciente inmunodeprimido -por ejemplo- pille virus y bacterias de la calle…). Por las mismas causas, el fonendo debería quedarse también en el interior del recinto.
Más grave incluso me parece lo de salir con pijamas (que normalmente asociamos con el verde, pero no tiene porqué) de UCI o de quirófano, por lo sensibles que son esas áreas. De hecho, he llegado a ver gente con los patucos y el gorro fumando fuera y volviendo a entrar. Es más, tengo hasta un vídeo con el móvil pero no es cuestión de personalizar en alguien en concreto…

Tengo amigos médicos que han llegado a decirme que “da caché” (por decirlo en palabras finas) salir con la bata y el fonendo… que así denotas tu estatus. Prefiero pensar que esto no es así, porque sería peor todavía, ya que estarían priorizando su ego a las condiciones higiénicas básicas. Tampoco me vale la excusa de “es mi uniforme de trabajo” porque en todo caso sería un EPI y de características muy peculiares. Yo vivo cerca del cuartel de los GEAS de la Guardia Civil, para quién no lo sepa, son el Grupo Especial de Actividades Subacuáticas y no los veo ir al bar con el traje de neopreno.
Entras en urgencias y te atiende amablemente el auxiliar, enfermero, el médico, … y te preguntas ¿esa mancha negra de la bata… es de fluidos o de café? ¿Y esa roja… es de sangre o de kétchup de las patatas?

Agrava más el asunto, a mi entender, el tabaco. Lo de salir a fumar en bata y/o fonendo me parece una auténtica barbaridad. No hace falta que haga una disertación de lo que contiene el tabaco y que por lo tanto, pasa a estado gaseoso a través de su humo, al fonendo y la bata, y de estos a las personas que son tratadas o están cerca. Esto ya va más allá del sentido común, es cuestión de inteligencia básica... Aquí hay que decir que lo de fumar lo hacen hasta los visitantes del hospital y lo que es peor, muchos pacientes (incluso ingresados) que bajan a las puertas o zonas comunes del hospital para “echarse un piti”… un poco de por favor.
Realmente no sé si el culpable es la administración o las autoridades competentes de sanidad que no sacan normas claras sobre el tema o son las personas que lo hacen a título individual porque como hemos dicho, hay cosas de sentido común.

La finalidad del post no es individualizar las críticas hacia una persona o hacia un gremio, ya que en ese caso, hubiera subido fotos y vídeos, lo importante es concienciar y concienciarnos que determinados gestos muy sencillos como colgar la bata y el fonendo de la percha cuando se sale del hospital, puede ser beneficioso para todos.
 
PD: La foto no es significativa de nada, está sacada de Google.

Hidronefrosis en el embarazo

domingo, 7 de agosto de 2016

Las mujeres embarazadas pueden desarrollar en ocasiones patologías renales que les pueden convertir en portadoras del catéter doble jota, aunque no es condición imprescindible. Una de las complicaciones que las gestantes presentan en las vías urinarias con mayor frecuencia es la hidronefrosis, que es una dilatación del riñón debida a dificultad para la eliminación de la orina, causada por la existencia de un obstáculo en algún punto del sistema urinario, normalmente en el uréter. Puede que la dilatación en lugar de producirse en el riñón se produzca en el uréter, en ese caso recibe el nombre de hidrouréter.

Hay dos causas principales de la hidronefrosis durante el embarazo:
·        La primera razón que produce hidronefrosis es el aumento del tamaño del útero (sobre todo a partir de la semana 20 de gestación). A medida que el bebé aumenta del tamaño, el útero también aumenta y esto puede causar presión sobre el uréter y lo puede llegar a obstruir. Esta obstrucción se puede encontrar en uno (unilateral) o ambos uréteres (bilateral), aunque es mucho más frecuente en el uréter derecho (en más de un 80% de los casos), debido a su posición anatómica.
·        La segunda razón son los cambios hormonales durante el embarazo.  El aumento de la progesterona y del estrógeno en el momento del embarazo causan un incremento en el flujo sanguíneo y muchos otros cambios que pueden derivar en obstrucciones del uréter.
Evidentemente una embarazada puede sufrir hidronefrosis por cualquier otra patología no especifica de gestante, de hecho uno de los motivos más habituales de hidronefrosis es la obstrucción por cálculos renales (causa frecuente de hidronefrosis también en no-embarazadas).
Dicen las estadísticas que un 90% de las mujeres en “estado de buena esperanza” padecen hidronefrosis, cosa que no significa que sufran síntomas o complicaciones (solo ocurre en el 3% de los casos), de hecho, hay muchas mujeres que ni se dan cuenta que lo padecen. Independientemente de la causa de la hidronefrosis, en ocasiones ésta puede durar incluso hasta 6 ó 12 semanas después del parto.
Aunque puede que en ocasiones sea asintomática, los síntomas de la hidronefrosis durante el embarazo, en un principio, no difieren de los síntomas de una hidronefrosis provocada por otras causas (cálculos renales, tumores, estenosis, etc.). Los más comunes son:
·        Dolor en la fosa renal. Además dicho dolor puede afectar e irradiar hacia las caderas, la ingle, el vientre y las costillas llegando a poder ser muy intenso (a modo de cólico nefrítico).
·        Se puede producir hematuria (sangrado de diferente intensidad a través de la orina).
·        Dolores al orinar (disuria) o incluso imposibilidad de hacerlo·        Hinchazón abdominal provocada por el propio aumento de volumen renal (que ya de por sí aumenta en torno a 1,5 cm. y un 30% de volumen en el embarazo). Si además se produce hidronefrosis, puede almacenar entre 200-300 ml. de orina adicionales
·        Puede provocar presión arterial baja.
·        Es común que se produzcan infecciones de orina, que pueden ser recurrentes o incluso derivar en pielonefritis.
·        Las náuseas, los vómitos y la fiebre también pueden observarse en algunas situaciones, independientemente de la existencia o no de infección.
·       

La detección de la hidronefrosis en la gestante se suele realizar mediante valoración de sintomatología y ecografías, ya que están contraindicadas cualquier tipo de pruebas diagnósticas que puedan irradiar a los bebes (rayos X, TAC, gammagrafía, pielografía, etc.)
En muchos casos, las mujeres embarazadas no necesitan ningún tratamiento, ya que la condición se resuelve sola después del embarazo y lo que hacen los médicos es una “espera vigilante”, esto es, aumentar las pruebas y el control esperando una mejora. De hecho, el tratamiento para la hidronefrosis durante el embarazo se suele evitar hasta que el bebé ha nacido, pero si hay peligro para la madre, para el bebé o para ambos, se suele optar por una de las siguientes acciones para aliviar la obstrucción y por consiguiente la sintomatología:
·        Colocación de un catéter ureteral (normalmente catéter doble jota) para que se pueda excretar correctamente la orina y no de acumule en el riñón.
·        Drenar el riñón mediante una nefrostomía percutánea.
 
Esto puede ser adicional a los tratamientos farmacológicos que decida el facultativo aplicar, por ejemplo, antibióticos cuando coexiste infección y  analgésicos para el control de los síntomas. Lo que siempre es necesario es una hi­dratación adecuada y reposo.
En los casos más graves puede derivar en un adelanto del parto para evitar problemas mayores y éste suele ser por cesárea.
Respondiendo a una visitante del blog, cabe decir, que el riesgo es el mismo independientemente de si es un embarazo espontáneo o es mediante una técnica de reproducción asistida (gracias por la información a la clínica IVI de Sevilla).
En cualquier caso, como siempre digo, este post es meramente informativo y cada caso es distinto y debe ser evaluado y tratado por los profesionales sanitarios.

Fuentes:
https://es.wikipedia.org/wiki/Hidronefrosis
http://es.slideshare.net/joseolmedomd/cambios-fisiolgicos-del-embarazo-genitourinario
https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000506.htm
http://www.ehowenespanol.com/tratamiento-hidronefrosis-embarazo-sobre_311497/
http://scielo.isciii.es/pdf/urol/v58n10/977acerca.pdf
http://lasaludi.info/la-hidronefrosis-durante-el-embarazo.html

Factores que condicionan qué tratamiento aplicar para eliminar las piedras del riñón

lunes, 1 de agosto de 2016

Desde los inicios del blog uno de los temas estrellas es el de los cálculos (piedras renales), que en algunas ocasiones son las “causantes” de que se porte el catéter doble jota. Muchos comentarios hay preguntando sobre cuál va a ser el tratamiento que se les va a aplicar o cuál es el más indicado, si va a ser cirugía abierta, laparoscopia, litotricia, simple medicación, etc. Hoy en día, las posibilidades son muchas y cada caso, como siempre digo, es diferente y debe ser evaluado de manera individual por el médico.

Para decidir qué tratamiento se lleva a cabo, hay muchos factores que lo delimitan. Algunos de ellos son:

NÚMERO DE PIEDRAS: Si tienes varias piedras y sobre todo en diferentes ubicaciones, el tratamiento puede ser diferente, y a veces, no se podrá eliminar todas las piedras en un único procedimiento.

UBICACIÓN DE LA/S PIEDRA/S: Es diferente el tratamiento si la piedra está en el riñón, en el uréter o en la vejiga.

TAMAÑO DE LA/S PIEDRA/S: Cuanto más pequeñas la piedras, más oportunidad para tratamientos menos invasivos. Si los litos son más grandes, más probabilidades de tratamientos quirúrgicos y/o endoscópicos.

DUREZA DE LA/S PIEDRA/S: Uno de los tratamientos menos invasivos es la litotricia extracorpórea, pero si la piedra es muy dura (algo normalmente determinable por determinadas pruebas como el TAC), estos tratamientos no funcionaran, con lo que se puede convertir en un factor más importante de lo que se cree.

COMPOSICION DE LA/S PIEDRA/S: Ya se ha comentado en el blog que la composición química de las piedras no es siempre igual, habiendo de oxalato cálcico, de fosfato cálcico, de ácido úrico, de estruvita y de cistina. Hay algunas de estas que son “radiolúcidas” (se caracterizan por ser invisibles a los rayos X), por ejemplo, las de ácido úrico, esto hace que tratamientos como la litotricia extracorpórea sean muy difíciles de aplicar en estos casos.

EDAD Y SEXO DEL PACIENTE: En ocasiones el ser mujer u hombre hace más o menos indicados unos determinados tratamientos, por ejemplo la cistoscopia. Respecto a la edad, es evidente que la condición física suele deteriorarse con los años y por lo tanto afectar en una posible intervención.

PADECER SOBREPESO U OBESIDAD: Si una persona es obesa, algunos tipos de tratamientos serán muy difíciles.

ESTAR O NO EMBARAZA: Es un factor claramente limitante en cuando a los tratamientos, sin ir más lejos, no debe ser irradiada.

PRESENCIA DE INFECCIÓN URINARIA: Si tenemos infección, somos pacientes de riesgo, y se ha de evaluar si primero se trata la infección hasta que remita y después se actúa “contra” la piedra o se realizan ambas cosas al unísono.

AFECTACIÓN DE LA FUNCION RENAL: Cualquier alteración mantenida del funcionamiento renal, sea por fallo de la irrigación del órgano como por lesión directa de sus tejidos, puede derivar en una insuficiencia renal, que condicionaría clarísimamente el tratamiento a aplicar.

ALTERACIONES EN LA ANATOMÍA DE LA VIA URINARIA: La presencia de variantes en la anatomía normal (por ejemplo, duplicidades), la presencia de estrechez en la via urinaria (estenosis), malformaciones congénitas o alteraciones en la ubicación habitual del riñón, van a condicionar la forma de tratar al paciente.

PADECER OTRAS ENFERMEDADES: No es lo mismo tratar a una persona con únicamente cálculos, que a una persona que además es diabética, padece problemas de coagulación, hipertensión u otros problemas cardiacos, etc.

TECNOLOGÍA DISPONIBLE Y LISTAS DE ESPERA: Esto es una de las cosas que más nos suele molestar a los pacientes… que nos digan que hay que esperar unos meses o que no se dispone de tal tratamiento pero sí de otro. Hay casos, por desgracia, en que pudiendo aplicar tratamientos menos invasivos, por no disponer de ellos, se aplican intervenciones más “fuertes”. Es lo menos deseable, pero es un factor claramente limitante.

Lo anterior son algunos (entre otros muchos) de los factores que pueden delimitar el tratamiento a aplicar para eliminar los cálculos renales. No obstante, debe ser nuestro urólogo o nuestra clínica de urología los que deben valorar e indicarnos el tratamiento más idóneo para cada uno de nosotros.

La desesperación de una paciente renal impotente ante la "lentitud" del sistema

sábado, 16 de julio de 2016

Sabéis que normalmente hago algún comentario sobre los testimonios que aparecen en mi blog... pero creo que esta vez sobran las palabras... Simplemente leed a Ángela...

Al día siguiente estarás trabajando y haciendo una vida normal

            Esas fueron las palabras de la doctora justo antes de entrar en el quirófano. Estoy de acuerdo si llevar una vida normal implica hacerlo de la cama al sofá y del sofá a la cama con todo lo que ello supone. Me llamo “Angie Doble J” y esta es mi historia:

            Hacía varios meses que algo no funcionaba bien. Defensas bajas, cansancio, fiebre, molestias al orinar… pasé por médicos de cabecera, ginecólogos, alergólogos… pero nunca llegando a dar con la tecla. Un domingo 23 de abril sentí un dolor fuerte en el riñón derecho y en seguida supe que se trataba de un cólico nefrítico así que me fui directa al hospital. Me atendieron en urgencias, me pusieron la medicación correspondiente y me enviaron a casa. Al día siguiente me fui a trabajar con cierta molestia suponiendo que la rutina diaria me distraería: fue la hora más larga de mi vida. A las 9h00 de la mañana ya estaba de camino al hospital nuevamente. Unas horas en urgencias, medicación y a casa. Después de comer el dolor volvió a repetirse esta vez acompañado de un vómito oscuro que acrecentó mi preocupación por lo que decidí ir por tercera vez al hospital y no moverme de allí.
             Nueve horas. Sí, nueve horas pasé en la sala de urgencias del Hospital Virgen de la Victoria (Málaga). Sufría un dolor tan intenso que llegué a desmayarme, me tumbaron en una camilla y acompañada de mi madre me dejaron en un rincón. Semiinconsciente, recuerdo abrir los ojos y ver a decenas de personas de todas las nacionalidades haciendo un ruido infernal esperando ser atendidas. Aquello me recordó a un viaje que hice hará un par de años a la India: era el caos absoluto. Todavía me cuesta creer que en ese momento estuviera en España. Recuerdo a una doctora con el pelo rizado que se acercaba de vez en cuando para ver cómo estaba, pero no daban abasto. Cuando la sala de urgencias se fue despejando me enviaron a una sala de observación y me sentaron sin acompañantes en un sillón. Pasaban las horas y nadie aparecía con nada para comer, así que prudentemente pregunté si repartirían algún tipo de menú. El enfermero, muy amable, me explicó que las horas de espera en esa sala estaban limitadas supuestamente y que por esa razón sólo se entregaba café y galletas en el momento del desayuno. Comprendí que las 26 horas que llevaba sentada en aquel lugar eran algo fuera de lo común y me di cuenta de que la razón por la que seguía en ese rincón era la falta de camas. Conseguimos que me trasladaran a una, entendiendo por cama un colchón con sábana bajera dado que no había ni almohadas  ni mantas disponibles. A cada prueba (radiografías, ecografías, TACS,…) me dirigía en una silla de ruedas sin reposapiés lo que significaba un gran esfuerzo para alguien con dolor abdominal. Al parecer las que no estaban siendo usadas se encontraban en el mismo estado. Por fin encontraron mi avería: varias litiasis en ambos riñones y una obstrucción uretral derecha que había provocado una infección en el riñón. Fue entonces cuando decidieron colocar el catéter doble J para facilitar el paso a la orina e intentar dilatar el uréter y poder así expulsar el cálculo. A la mañana siguiente los médicos me enviaron a casa y con el informe de alta escuché ese “podrás hacer vida normal” que tantas veces he leído en este blog. Nada más lejos de la realidad. Al parecer, mi cuerpo no toleró bien el catéter: hematuria, infección, reflujo, dolor abdominal, dolor genital, dolor renal, dolor de piernas, náuseas, mareos y cansancio crónico. Las primeras semanas tuve que ser asistida varias veces en urgencias porque la casi decena de pastillas que me habían recetado los médicos era insuficiente para controlar el dolor. Varias horas en el hospital con dolor intenso, medicación, mareo y desmayo post-medicación, y tras una horas de reposición, vuelta a casa. Así pasé el primer mes. Después de muchas visitas a diversos hospitales de diferentes provincias, de leer decenas de artículos y revistas, blogs, vídeos, consultas con pacientes en mi situación, urólogos, nutricionistas, osteópatas, psicólogos… logré encontrar la clave para evitar las desesperantes visitas a urgencias: reposo absoluto, control de la temperatura, dieta ligera y medicación.

Y así es ahora mismo mi vida normal
           Y así es ahora mismo mi “vida normal”: me he acostumbrado a vivir con dolor, más o menos intenso, pero siempre dolor. Hace dos meses y medio que no voy a trabajar ya que mi vida se desarrolla de la cama al sofá y del sofá a la cama. El mínimo movimiento me produce un dolor intenso y un cansancio extremo. Sentarme en una silla a comer o darme una ducha son actividades de alto riesgo para mí. Por supuesto se acabaron las salidas, el deporte o las clases de baile. Cuando vienen las visitas “la batería” me dura una media hora, ya que me cuesta trabajo mantener una conversación. El malestar no sólo produce falta de apetito sino náuseas constantes: he perdido 7 kg (un peso considerable si tenemos en cuenta que se trata de una chica de 31 años de 1,62m y 53 kg). A pesar de mis esfuerzos por comer sufro alteraciones como estreñimiento y gases, que enmascaran el resto de dolencias y me obligan a hacer uso de más medicación para combatirlos y reducir sus síntomas. La hematuria prolongada ha derivado en anemia y mi estado de debilidad en general, ha tenido como consecuencia la ausencia de menstruación desde entonces. Pero lo peor sin duda son los daños psicológicos. Mi cabeza no acompaña a mi estado físico y eso es duro de asimilar. Quedarme en casa y verme absolutamente dependiente e incapaz de hacer nada empieza a minar mi estado anímico. Esa  sensación de impotencia se acrecienta cuando me hago consciente de la “facilidad” con la que podría solucionarse mi situación en tan sólo treinta minutos.

Volver a tu vida en 30 minutos
            Media hora. Treinta minutos es lo que se tarda aproximadamente en extraer el cálculo en una ureteroscopia, pero no hay medios ni personal disponible. Al parecer las listas de espera están desbordadas y será imposible hacer un hueco en quirófano durante el verano. La media de tiempo en la provincia de Málaga para operaciones con doble J es de seis meses; otras provincias como Granada, suponen un año entero en lista de espera. Cierre de plantas, falta de medios y personal son los causantes de que miles de pacientes suframos las consecuencias de recortes y malas gestiones en sanidad, que nos cuestan lo más importante que tenemos en la vida: nuestra salud.

            Desde aquí quisiera dar las gracias a la doctora del pelo rizado que ayudó a mi madre en urgencias, al doctor que me explicó con paciencia cuál era mi situación, al enfermero de gafas y la auxiliar de enfermería que cuidaron de mí toda la noche, a las urólogas que me trataron con profesionalidad y cariño, al secretario y al jefe de urología, que atendieron con tanta humanidad a mi padre, y a todas las personas que realizan su trabajo como pueden con los medios de los que les dejan disponer. Pero ellos no pueden hacer más. Tenemos que denunciar. Dejemos de permitir que estas situaciones se produzcan y alcemos la voz para que de una vez por todas se otorgue a este asunto la importancia que le atañe, porque lo que hay detrás de esas estadísticas y esos números interminables son personas que lo único que esperan, contando cada minuto, es poder volver a tener una “vida normal”.
Angie Doble J

 

Estadística sobre síntomas y convalecencia de portadores de catéteres ureterales

jueves, 9 de junio de 2016

Es muy repetitivo el tema de si es posible llevar vida normal o no llevando un catéter doble jota. De hecho, es una de las preguntas estrella en los más de 6.200 comentarios (sobre más de 2.500.000  de visitantes del blog). Hemos dicho muchas veces que pese a que cada persona es un mundo, hay síntomas que suelen ser comunes a muchos de los portadores del mentado stent. Ya en uno de los últimos post sobre preguntas frecuentes (FAQs) se repasó el tema y comenté que (con todos los respetos)  era bastante generalizado (y simplemente hay que echar un vistazo a Doctoralia) que los urólogos dijeran que se puede hacer vida normal... creo que a veces, se utiliza el vocabulario con demasiada ligereza.

Es entendible que cuando uno no lo ha sufrido en sus carnes, la visión de los síntomas es distinta y es obvio que se ha de basar en estadísticas. No obstante, sin ir más lejos, en este blog han escrito varios médicos portadores de catéter doble jota (por ejemplo caso1; caso2) y creo que la conclusión salta a la vista.

El problema es que no sé cómo se interpretan las estadísticas… concretamente las publicadas por estudios médicos*

*Adjunto abajo dos versiones del “Ureteral stent symptom questionnaire” sobre síntomas de pacientes portadores de catéteres ureterales. Aprovecho para agradecer al Dr. Juan Pablo Burgués que me ha ayudado a obtenerlos completos.

Soy de ciencias y entiendo que las estadísticas son importantes, pero hay que saber valorarlas correctamente y me viene a la cabeza el chiste del que se come un pollo y su amigo nada y ambos salen a medio pollo… A tener en cuenta:

-        No creo que una muestra de 309 pacientes (inglés) y 70 (español) sea excesivamente significativa.

-        Si los pacientes ingleses tenían un 96% síntomas la primera semana y 94% después de cuatro semanas de llevar el catéter… ¿Cómo se dice que se puede hacer vida normal?

-        El 68% de los pacientes (inglés) estaban incapacitados para su trabajo la primera semana y seguían incapacitados un 38% después de 4 semanas… Me expliquen lo de vida normal.

-        De nuevo estadística coja: en la versión española se dice que la población es de 70 pacientes, pero que solamente se controla posteriormente a 40… Pues ¡caray! Son 40, no 70.

-        Encima los de habla castellana parece que vamos atrás como los cangrejos… un 82% tenía molestias urinarias la primera semana de llevar el catéter y a la 4 semana subía hasta el 85%.

De todas maneras, este post no es para evaluar las estadísticas de terceros, es para presentar la estadística/encuesta hecha en este blog*. Es evidente que no tiene ninguna validez científica, pero creo que los datos son bastante significativos.
*Son datos recopilados entre visitantes del blog (mediante encuesta, mail y comentarios). Se ha tratado de depurar las votaciones duplicadas a través de la IP  y ha quedado un muestra de 5837 encuestados (de los que 3756 eran mujeres -349 gestantes- y 2081 hombres). La pregunta formulada era si durante el periodo que han llevado el catéter doble jota han sufrido alguno de los síntomas expuestos, si han podido trabajar en su puesto habitual y si han hecho vida normal.

 
 

A LA VISTA SALTA LA VIDA NORMAL QUE SE PUEDE LLEVAR CON UN CATÉTER DOBLE JOTA… Tomen nota doctores…




¿Por qué las piedras del riñón pueden producir dolor en un testículo? por el Dr. Juan Pablo Burgués

domingo, 5 de junio de 2016

Hoy tenemos una visita de lujo de nuevo en el blog, la del urólogo y andrólogo Dr. Juan Pablo Burgués de la Clínica Quirónsalud Palmaplanas y el Instituto de Fertilidad en Palma de Mallorca. Además, es socio fundador en el proyecto divulgativo http://www.mens-app.es/, al que más adelante le dedicaremos más tiempo, pero que os adelanto que es una App (Android e iOS) enlazada con un blog divulgativo de temas de andrología y urología dónde además los usuarios pueden hacer consultas…

Pues eso mismo, a raíz de una consulta al Dr. Burgués, concretamente la que da título a este post, surge esta colaboración…

 Qué mejor que este blog “Mi vida con un catéter doble J” para aportar, desde el punto de vista del urólogo, algo de información curiosa sobre los cálculos urinarios y los cólicos renales. Aprovecho para felicitar a José Vicente por su labor divulgativa y le agradezco  enormemente la oportunidad que me ha dado para escribir en un blog de tanto éxito y tan premiado como este.

Quizás resulte llamativo que una piedra del riñón pueda producir dolor en un testículo, pero lo entenderéis muy bien si veis la imagen que ilustra el descenso testicular durante el desarrollo embrionario.

En etapas muy tempranas del embrión el tejido testicular se forma junto al riñón. Y a medida que avanzan las semanas de gestación los testículos van descendiendo, primero por la cavidad abdominal y después por la ingle, hasta que cerca de los 9 meses se colocan en la bolsa escrotal. Si uno o los dos testículos no acaban de descender, y se quedan en la ingle, o más arriba en el abdomen, se produce la llamada criptorquidia. Este término procede del griego “kriptós” (escondido) y “orchis” (testículo).
 
Durante el descenso testicular, el testículo arrastra consigo sus vasos sanguíneos y también los nervios que conducen su sensibilidad, comunes con los del riñón y la vía urinaria en las primeras fases del desarrollo embrionario. Esto explica que muchas veces en los cólicos renales, sobre todo cuando el cálculo está ya cerca de llegar a la vejiga, exista dolor  testicular en el mismo lado del cólico. Puede incluso suceder que la única manifestación del cólico sea el dolor en un testículo, con ausencia total dolor renal, lo cual puede despistar bastante a los médicos de urgencias. En realidad no es un dolor testicular como tal, sino un dolor irradiado o “referido” desde su lugar de origen. Sería algo similar a lo que ocurre en un infarto cardíaco o una angina de pecho, cuando además del lado izquierdo del tórax también duele el hombro y el brazo izquierdo.

El origen de los nervios del testículo a nivel abdominal también explica que cuando hay dolor en un testículo este sea de tipo “visceral”. Todos habréis sufrido alguna vez alguna patada o balonazo en los testículos. Se trata de un dolor profundo, opresivo, no continuo, mal localizado, difuso, y frecuentemente acompañado de náuseas, malestar abdominal y sudoración. Lo mismo ocurre en los cólicos nefríticos. Es diferente del dolor de tipo “somático” en cualquier otra zona del cuerpo (piel, músculos, huesos, etc.) que es más sordo, más fijo, tiene una localización más precisa y no se acompaña de otros síntomas.

Bueno, pues ya sabéis una cosa más, el dolor en un testículo puede ser “referido” debido a una piedra o a arenilla procedente del riñón.

Un placer poder contar con el Dr. Burgués en el blog y esperamos que no sea la última vez.